1/8/15

One Shot Jemi: Save me... (Parte 1)



Era viernes por la noche, mis padres habían ido de visita a la casa de mi tía, e iban a regresar como a las ocho de la noche.
La decisión estaba tomada. Ya no aguantaba más. Debía acabar con todo esto de una vez por todas. Debía de acabar conmigo, ya.
La noche pasada, mis padres habían tenido una discusión que llevó a los golpes. Todo había sido porque estaba mal en la escuela. Mis calificaciones casi siempre eran pésimas. No sé cómo pasaba de año. Siempre me iba mal en matemáticas.
Mi padre estaba a punto de golpearme con la correa, y en eso salió mi mamá en mi defensa, cosa que fue peor, que originó más enojo en mi padre, y terminó golpeándola a ella. Y luego a mí. Y esto no había pasado tan solo una vez. Era la tercera vez que pasaba. Me sentía inútil. Todo me salía mal. Si no era buena para una cosa, era más mala en otra.
También temía a conocer gente nueva, por temor a que alguna de ellas me conociera de verdad, y probablemente no les guste. Razón por la cual no tenía amigos. Cuando alguien se me acercaba, simplemente me alejaba. Cuando me preguntaban algo, contestaba brevemente, haciendo lo mejor posible de no intercambiar mucho diálogo. Era la más callada del salón, la aislada, la rara, la bicho raro, aquella que nadie la entiende, y que siempre viste de negro, porque es semejante a su soledad.
Hasta que el otro día (martes), un chico se me acercó en hora de receso, cuando estaba en la esquina del salón, sentada, apoyada sobre la pared.
-Hola.
No contesté, voltié la mirada.
-Hey, hola.
Y no volví a contestar, saqué mi celular y empecé a jugar Zombie Splash.
-Oye…
-¿Qué quieres? -pregunté en voz baja, mientras mi mirada y mi dedo estaba concentrada en el juego y los zombies.
-¿Por qué estás acá?
-No te importa.-contesté fría.
-No, claro que sí. Deberías salir, en vez de estar aislada acá.
-Agh…-susurré.
-¿Agh? -me escuchó, aunque hablé muy bajo.
-Ajá.
-Ven, te presentaré a amigos, no me gusta que estés así.-y estiró su brazo.
Negué rotundamente con la cabeza. ¿Presentar a amigos? ¿Para qué? ¿Para que se burlen de mí? Seguramente me iban a ver repugnante. Mi apariencia era fatal. Siempre vestía de negro y mi flequillo casi me cubría los ojos. Parecía la niña del aro, solo que con vestimenta negra. Además, siempre con capucha.
Seguramente pensarían que era un bicho raro, y que solamente iban a ser mis amigos si cambiaba de apariencia...no lo permitiría.
Reí un poco por la ingenuidad del chico. Es que era tan imbécil como para creer que alguien como yo podía socializar con gente como él. Con gente normal. Diferente a mí.
-Me llamo Joe, ¿y tú?
Y no volví a contestar.
Hasta que él me jaló del brazo, -exactamente de las mangas- a la fuerza, cosa que hizo que se notaran mis marcas. Mis cortes se expusieron a vista de todo.
-Mierda.-susurré mientras me solté.
Él suspiró y tragó saliva.
-¿Por qué lo haces?
-Qué pregunta más estúpida.-contesté ya cansada por todas sus preguntas- ¿Qué no es obvio?
-No, no lo es. El hecho de que pienses que eres diferente a los demás no es una razón.
-Claro que la es.-contesté al pausar el juego.
-Oye, sé que te resulta extraño hablar de estos temas con alguien que no conoces para nada, pero me gusta ayudar a las personas, y quiero ayudarte. Te estás aislando tú sola, y eso está mal…
Y me tomó del otro brazo, el brazo izquierdo. Wow, en ese sí que tenía más cortes que en el anterior.
-Suéltame.
-No, muéstrame.
Rodé los ojos, y él los vio.
-No quiero darte lástima.
-¿No te duele?
-Es dolor físico, solo duele un rato.
-Oye, no te hagas daño, por favor.
Me quedé en silencio.
-Por favor.
Levanté la mirada y vi como sus ojos se empezaban a cristalizar. Y ahí iba de nuevo…
Y en eso, se arrodilló, y me abrazó por las piernas.
-Por favor, no lo vuelvas a hacer.
Abrí los ojos como plato.
-¡¿Qué diablos te pasa?! -exclamé muy extrañada. Lo acababa de conocer hace menos de un minuto y ya salía con huevadas.- ¿Acaso crees que porque tú me lo pidas, ya está todo solucionado?
-¿Que no te basta con esto?
-Joe, no me importa.
Joe se soltó.
-Escúchame, haré lo posible para que tú salgas al recreo siquiera una vez. Conmigo. Quiero ser tu amigo y así poder ayudarte.
-No lo necesito, gracias…
-No me interesa si lo necesitas o no, yo lo seré, y te ayudaré, porque no me gusta ver a los demás así. Te salvaré, ya verás.
-Está bien si quieres gastar tu tiempo en tonterías…
Joe se puso de pie y la campana sonó.
-Entonces está bien.-y sonrió.
Yo voltié la mirada.
-Pierdes tu tiempo.-aseguré.
No entendía nada. ¿Un chico hablarle a este desastre? No, eso no pasaba en la realidad. Nadie se me acercaba para hablarme, y mucho menos se propondría a ayudarme. A salvarme...Necesitaba alguien que me salve…


**


Y Joe sí que se esmeró en eso.
El día siguiente, pasó casi lo mismo, solo que algo diferente.
-Vamos.-me dijo.
-No.-negué por quinta vez.
-Vamos.
-¿No te cansas, cierto?
-Vamos.
-Pareces disco rayado.-y reí un poco.
-Vamos…
-Ya cállate.
-Vamos.
-¿Y sigues?
-¿Vamos? -preguntó sonriente.
-Por novena vez, no.
-¿Cuál es tu postre favorito?
-Pie de limón.-contesté mientras jugaba con una pita.
-Pues vamos a la cafetería y te compro eso.
Abrí los ojos como plato.
-¿De verdad?
Él sonrió, pensando que ya casi lo había logrado.
La comida era mi debilidad, y sobretodo el pie de limón.
-¿Vamos, entonces?
-Hmm…-dudé. No quería hacerlo ganar, también tenía orgullo.
-¿Entonces vamos? -preguntó por milésima vez, creo.
-¿Y si me lo traes?
-No, así no vale.-negó frunciendo el cejo.
-¿Cómo que no vale?
-No, no vale.
Rodé los ojos y asentí.
-Todo sea por el pie de limón.
Y Joe sonrió. Pero no como antes, sino con una felicidad inmensa en el rostro. Me abrazó.
Entonces sentí como sus brazos me acorralaron y apretaron fuertemente, tanto que parecía que me iba a dejar sin aliento.
En el momento, abrí los ojos como plato. Era la primera vez que un chico me abrazaba con tanta intensidad. Ni siquiera mi padre me habría abrazado así cuando era un bebé, creo.
-¡Hey! -exclamé para que me soltase- Suéltame.
Y él lo hizo, pero su felicidad seguía en pie.
Fuimos.
Entramos a la cafetería.
“Mierda, mierda, mierda…”-pensé.
Mis piernas empezaron a temblar. No quería avanzar. Había DEMASIADA gente. Mucha como para estar ahí.
Me estanqué en el camino, mientras Joe dio un par de pasos más. Él volteó a verme.
-¿Qué pasa?
-Son...mu-muchos.-tartamudeé de forma estúpida.
-Estás conmigo, no te pasará nada.
Y me sonrió.
Lo miré de reojo. Dudé mucho. Pero terminé asintiendo por el pie.
Entramos.
Sentí que todas las miradas estaban concentradas en mí. Y como no. Mi apariencia era horripilante. Y de seguro era porque al fin salía de mi jaula. Y todavía con un chico, seguro pensaban.
Mis pensamientos me inundaron en ese momento.
Me senté en el primer asiento que vi.
-Hey, ven. -me jaló Joe del brazo, sinsiquiera dejarme poder decir algo.
-Pe-pero…
Y me llevó donde sus amigos.
Eran 2 mujeres, y 3 chicos los que estaban sentados.
Me senté, mirando de reojo a todos, pero no podía verlos bien, ya que mi flequillo cubría parte de mis ojos.
-¿Cuál es tu nombre? -preguntó una chica.
-De-Demi. -contesté con la cabeza un poco baja.
-Bueno, ella recién se está adaptando. -dijo Joe- Es un poco nueva en esto.
-Se nota.-afirmó un tipo, que comía una hamburguesa.
Y Joe lo miró con una cara de: “Te callas o…”
-Hey.-dije llamando a Joe- Y señalé a la derecha con la cabeza.
Le estaba señalando que me compre un pie de limón como había quedado el trato.
Cuando él se fue, todo el ambiente cambió totalmente.
-¿Tú eres la que siempre está en el salón durante los recreos, cierto? -me preguntó una tipa pelirroja.
-Sí. -afirmé en voz baja, evitando mirarla.
-Deberías cambiar un poco tu apariencia, cualquiera que te ve, Dios…-dijo el tipo que comía hamburguesas.
Y ya comenzaban con el bullying. Sabía cómo iba a terminar eso, así que me limité a contestarles.
-¿Y por qué siempre de negro, eh? -me preguntó otra tipa, que comía tacos- Desesperas.
Tragué saliva.
Realmente había pensado que sus amigos eran como él. Algo amables, o por lo menos sin hacer un comentario malo sobre mí. Pero no, ese tipo de personas se encuentran en peligro de extinción.
Una chica que se sentaba a mi costado me agarró del cabello, y empezó a pasar sus dedos.
-Dios, es que ni siquiera te peinas.
La fulminé con la mirada. Lancé esas de mis miradas que según algunas personas daba mucho miedo.
En eso, escuché que unos pasos venían desde atrás. Tomó a la chica de la cara, y la apartó de mí de una forma brusca. Sí, era Joe.
-¡¿Qué te pasa?! -exclamó la chica.
-Vuelve a ponerle las manos a mi novia, y te juro que no contesto.
Todos sus amigos abrieron los ojos como plato, incluyéndome a mí.
-¿Tu novia? -preguntaron todos al unísono.
-Sí, ¿algún problema? -dijo entregándome el pie de limón que llevaba en su mano.
Yo lo recibí, feliz, ignorando lo anterior.
Ellos no contestaron.
-Está bien, tío, ya cálmate.-le dijo uno, con acento español.
-Bien.
Me jaló del brazo y me llevó a una parte de la escuela que no conocía. Bueno, no conocía muchas partes de la escuela.
Ese lugar eran las escaleras de emergencia. Un perfecto lugar, donde no había nadie.
Me senté en una escalera, mientras disfrutaba de mi pie de limón.
-Está bien, ¿qué te dijeron?
-Lo de siempre.
-Especifica.
-Mala apariencia, vestimenta negra, cabello asquerosamente horrible.
Él suspiró, mientras se sentó a mi costado.
-Lo siento. En serio, lo siento mucho.
Yo reí un poco.
-¿Siempre te disculpas cuando no tienes la culpa de nada? -le pregunté alzando la ceja.
Él sonrió un poco.
-Pensé que serían...no sé, un poco menos desagradables. Como tú, por ejemplo.
Él río un poco.
-¿Tengo que sentirme halagado?
-Siéntete así, probablemente nunca me vuelvas a escuchar decir eso.
Un momento de silencio. Lo había olvidado.
-¿Y qué es eso de novia? -dije riendo un poco- ¿Se supone que así no me molestarán?
-Créeme, me tienen mucho respeto. Todos.
-Pero inventar una mentira así...Vincularte conmigo así no es bueno, ¿sabes? Todos me repugnan.
-Yo no.
-Ya, vale, tú eres el único.
-Tus padres.
-Ni tanto, eh…-dije mirando al vacío.
Él me tomó del brazo.
-No tienes por qué hacerlo. Desquitarte contigo...no es una buena forma de solucionar las cosas.
-¿Entonces qué más puedo hacer? -dije luego para tragar saliva, y soltarme.
-Pedir ayuda.
-Ya, como si eso fuera tan fácil. Mis papás si se enteran de lo que hago, son capaz de mandarme a un manicomio, o algo así.
Él suspiró.
-¿Con qué lo haces?
-Con lo que encuentre…
-Especifica.
-Ash. Cuchillo, cuchillas, cuchilla del tajador, gillette, vidrio...serrucho.
Él abrió los ojos como plato.
Yo reí.
-Era broma, era broma. Todo menos lo último.
Él me miró con una mirada fulminante.
-Te pasas.
En eso, él me puso un mechón de cabello por detrás de la oreja.
-Eres linda, solo que no te quieres ver bien.
Mi respiración y mis latidos empezaron a ir más rápido. ¿Linda yo? Ese chico sí que estaba loco. O tenía problemas de vista muy serios. Seguro lo hacía para hacerme sentir bien. Sí, era eso.
En eso, se concentró en mi mejilla.
-Mierda…-susurré.
-¿Quién te hizo eso?
Lo miré a los ojos por primera vez en ese rato.
-Me...me golpee.
Estaba rojo, debido a que mi papá me había tirado una cachetada debido a que no había ido a sacar la basura, y algunos perros lo habían echado todo a perder.
Desde la mañana estaba tratando de ocultarlo con mi cabello, pero Joe lo echó a perder.
-No, no es cierto.
-¡Si es cierto!
Acomodó mi cabello para poder ver la marca mejor.
-Claro que no, esta es una mano. ¿Quién fue? -me preguntó serio.
-Que no fue nadie, yo me golpee con la puerta.
-No te vuelvo a comprar otra cosa, eh…
Tragué saliva.
Todo sea por la comida.
-Mi papá.
Él suspiró.
-¿Es la primera vez que lo hace? ¿Cuándo lo hizo?
-Joe, no tiene caso. -dije con la voz entrecortada.
-¿Es que no entiendes? ¡Pregunto porque me preocupas y me importas, Demi! -gritó con los ojos algo rojos.
Se revolvió el cabello, en señal de desesperación.
-¿Cómo es eso posible? Te acabo de conocer ayer, y ya sales con que te importo. Dios, estás mal de la cabeza.... -dije con mis ojos ya algo húmedos. Sentía que en cualquier momento salía el llanto, y...
-¡Pues no lo sé! Es complicado, pero quizás…
Y no concluyó la oración.
-¿Quizás qué? -pregunté derramando ya una lágrima- Quizás sea pena, ¿verdad?
-Quizás...Quizás me gustes. -dijo mirándome a los ojos.
Volteé la mirada hacia él.
-¿Qué dices? ¿Es que has perdido la cabeza? -pregunté ya derramando lágrimas.- Eso es imposible, nadie se fija en mí.
-Pues seré nadie desde ahora.
Joe estaba loco. Completamente loco. Enamorarse de alguien en menos de dos días era de locos…¡Y todavía de mí! Ni siquiera de una persona aceptable se podría decir. No había de porqué creerle.

Y esa probablemente era la primera y única confesión que recibiría en mi vida.